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ARANCELES A LA BAJA, EXIGENCIAS AL ALZA: LA OTRA CARA DEL ACUERDO UE–MERCOSUR

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El inicio de la aplicación del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur abre oportunidades comerciales, pero también expone viejas barreras regulatorias que condicionan el acceso real a los mercados.

Con la entrada en vigor provisional el 1° de mayo, el acuerdo combina liberalización arancelaria con exigencias crecientes en estándares sanitarios, ambientales y de trazabilidad, redefiniendo las reglas del comercio internacional.

El inicio de la aplicación del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur marca un cambio relevante en la dinámica del comercio internacional para Argentina.

Si bien el foco inicial suele ponerse en la reducción de aranceles, el verdadero eje del nuevo escenario pasa por otro lado: la regulación.

Desde el 1° de mayo, comienza a regir de manera provisional el capítulo comercial del acuerdo, habilitando una mejora en el acceso a mercados para gran parte de las exportaciones del Mercosur.

Sin embargo, esta apertura formal convive con un endurecimiento de las condiciones de ingreso al mercado europeo, particularmente en materia de sanidad, salubridad, trazabilidad y límites de residuos de pesticidas.

En este contexto, el acuerdo configura un esquema de oportunidades y desafíos que puede interpretarse como un “semáforo productivo”.

En verde se ubican los sectores donde Argentina presenta ventajas comparativas claras: la carne vacuna, el complejo agroindustrial y las economías regionales.

En amarillo aparecen los sectores en transición. La industria alimentaria puede ampliar sus exportaciones, pero deberá adaptarse a estándares sanitarios más estrictos. Lo mismo ocurre con químicos y plásticos.

En rojo se encuentran los sectores más expuestos: la industria automotriz, los bienes de capital, el textil y el calzado.

Europa ya no necesita proteger su mercado mediante aranceles elevados. Lo hace a través de regulaciones que basan su exigencia, en la afección que podría tener en la salud humana y animal, de los habitantes de la UE

Las exigencias en materia sanitaria y ambiental funcionan como barreras para-arancelarias, condicionando el acceso efectivo al mercado europeo.

Para la agroindustria argentina, el desafío ya no es solo competir en precio, sino cumplir con estándares cada vez más exigentes.

El acuerdo no redefine la estructura productiva, pero la expone. La oportunidad existe, pero dependerá de la capacidad de adaptación.


Sobre el autor

Lisandro Mogliati es Licenciado en Negocios Internacionales, analista en comercio exterior y especialista en mercados agroindustriales. Se desempeña como consultor y docente en temas vinculados a comercio exterior, integración económica y estrategia exportadora.