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EUROPA FLEXIBILIZA SU POLÍTICA CONTRA LA DEFORESTACIÓN: UNA SEÑAL DE ALIVIO PARA LA SOJA Y EL BIODIESEL ARGENTINO

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La Unión Europea comenzó a revisar y flexibilizar algunos aspectos de su política destinada a impedir el ingreso de productos vinculados con procesos de deforestación.

El cambio representa una moderación respecto de la orientación inicialmente adoptada por el bloque y abre una nueva etapa para las exportaciones argentinas de soja y biodiesel.

En una nota anterior, titulada “Europa abre la puerta, pero sigue elevando requisitos: el desafío de la soja argentina” https://licenciadomogliati.com.ar/europa-abre-la-puerta-pero-sigue-elevando-requisitos-el-desafio-de-la-soja-argentina/ , advertíamos que las oportunidades comerciales generadas por una mayor apertura del mercado europeo podían quedar parcialmente neutralizadas por nuevas exigencias ambientales, de trazabilidad y de uso del suelo.

La preocupación era que una reducción arancelaria no se tradujera en acceso efectivo si los exportadores no podían demostrar que la soja utilizada no provenía de tierras desmontadas o deforestadas después de la fecha establecida por la legislación europea.

¿Qué cambió?

La Comisión Europea confirmó ajustes en el alcance y en el cronograma de aplicación de su Reglamento sobre productos libres de deforestación.

Entre las modificaciones se encuentra la exclusión de los porotos de soja destinados a siembra, junto con otros productos que inicialmente estaban alcanzados.

También se postergó la aplicación efectiva de parte del régimen, luego de los cuestionamientos de países exportadores y empresas europeas sobre los costos, la complejidad operativa y las dificultades tecnológicas del sistema.

No se trata, sin embargo, de la eliminación total de la política.

La soja destinada a procesamiento, la harina, el aceite y otros derivados continúan expuestos a exigencias de trazabilidad y diligencia debida.

El cambio debe interpretarse, por lo tanto, como una recalibración de la política europea, que busca mantener sus objetivos ambientales sin generar restricciones comerciales imposibles de administrar.

Un mercado estratégico para la soja argentina

La importancia del cambio se comprende mejor al observar el volumen de comercio involucrado.

Argentina exportó aproximadamente 27,2 millones de toneladas de harina de soja en 2024, consolidándose como uno de los principales proveedores mundiales.

La Unión Europea continúa siendo uno de los destinos tradicionales más relevantes para este producto, utilizado principalmente en alimentación animal.

Los países europeos demandan varios millones de toneladas anuales de harina de soja argentina.

España, Países Bajos, Italia, Polonia, Irlanda y Dinamarca se encuentran habitualmente entre los principales destinos.

Esto significa que una restricción ambiental no afectaría solamente operaciones puntuales, sino una corriente comercial que sostiene buena parte de la capacidad de molienda instalada en el polo industrial del Gran Rosario.

Además, cuando se restringe la soja como materia prima, el efecto puede extenderse a toda la cadena: harina, aceite, lecitina y biodiesel.

El biodiesel, el sector más expuesto

El cambio resulta especialmente relevante para el biodiesel argentino elaborado a partir de aceite de soja.

La industria nacional fue desarrollada, en gran medida, para abastecer al mercado europeo.

En sus años de mayor expansión, Argentina se convirtió en uno de los principales proveedores del bloque.

En 2012, Argentina e Indonesia explicaban, conjuntamente, alrededor del 90 % de las importaciones europeas de biodiesel, equivalentes a unos 2,5 millones de toneladas.

Posteriormente, los derechos antidumping, los compromisos de precios, las controversias comerciales y las nuevas políticas energéticas hicieron que los envíos argentinos se volvieran más inestables.

A esas dificultades se sumaron exigencias vinculadas con la sostenibilidad de la materia prima; la reducción de emisiones; el cambio directo e indirecto en el uso del suelo; la trazabilidad del aceite de soja y las certificaciones reconocidas por la Unión Europea.

El riesgo era que la soja sudamericana fuera asociada de manera generalizada con procesos de deforestación, incluso cuando una parte importante de la producción argentina proviniera de zonas agrícolas consolidadas.

Una interpretación demasiado amplia podía afectar el acceso del biodiesel argentino al mercado europeo y reducir la utilización de una capacidad industrial difícil de redireccionar hacia otros destinos.

Flexibilización no significa apertura automática

La revisión europea es positiva, pero no garantiza una reapertura inmediata del mercado.

El biodiesel argentino, que además no ingresa entre los productos sin arancel desde el vamos, está incluido en la canasta de desgravación a 10 años para su ingreso desde el MERCOSUR a la Unión Europea.

Esto significa que el arancel europeo no se elimina de manera inmediata, sino que se reduce gradualmente hasta llegar a 0 % en el décimo año de aplicación del acuerdo.

 Además, este producto seguirá obligado a demostrar:

  • origen sostenible de la soja;
  • trazabilidad;
  • reducción mínima de gases de efecto invernadero;
  • cumplimiento de los criterios europeos de energías renovables;

También continúan existiendo medidas comerciales, antecedentes antidumping y plazos prolongados de desgravación arancelaria.

Por eso, el cambio debe entenderse como una mejora del escenario regulatorio, no como la desaparición de las barreras.

Una oportunidad para Argentina

Argentina debería aprovechar esta flexibilización para fortalecer su posicionamiento técnico y comercial.

El país cuenta con ventajas relevantes:

  • producción mayoritariamente desarrollada sobre tierras agrícolas consolidadas;
  • amplia utilización de siembra directa;
  • capacidad industrial de gran escala;
  • cercanía entre zonas productivas, plantas y puertos;
  • sistemas de trazabilidad y certificación;
  • experiencia exportadora;
  • información satelital y georreferenciada.

La principal dificultad puede no ser la existencia de una producción masivamente incompatible, sino el costo de demostrar su cumplimiento.

La estrategia debería combinar dos líneas de acción: defender condiciones razonables de acceso al mercado europeo y, al mismo tiempo, consolidar sistemas que permitan demostrar la sostenibilidad de la soja y del biodiesel argentino.

Europa cambia el tono, pero mantiene el rumbo

La Unión Europea no abandonó su política ambiental, pero comenzó a reconocer que su aplicación necesita ajustes.

La exclusión de algunos productos, la postergación del cronograma y la simplificación de los procedimientos muestran una orientación más gradual y selectiva.

Para Argentina, esta señal es positiva, especialmente para el biodiésel, un sector altamente dependiente del mercado europeo.

En nuestra nota anterior señalábamos que Europa abría una puerta comercial mientras elevaba los requisitos para atravesarla.

La nueva orientación no elimina esos requisitos, pero parece hacerlos más razonables y operativamente posibles.

El desafío argentino será aprovechar este cambio para fortalecer la trazabilidad, demostrar la sostenibilidad de su producción y evitar que una política ambiental legítima termine convirtiéndose en una barrera paraarancelaria.