Todos los días de 9:00 - 17:00
contacto@licenciadomogliati.com.ar | asistente@licenciadomogliati.com.ar
+54 9 2477 592441

Noticias

Todas las novedades del Comercio Exterior.

LA VICTORIA DE LULA EN BRASIL ABRE UNA NUEVA ETAPA REGIONAL Y PLANTEA PARA ARGENTINA UN DESAFÍO QUE COMBINA FINANZAS, COMERCIO Y POLÍTICA EXTERIOR

///
Categorías

Su reelección, con el 51,79% de los votos, obliga a revisar las expectativas de quienes anticipaban un triunfo de Flávio Bolsonaro y una mayor convergencia política entre Brasilia, Buenos Aires y Washington.

Una primera lectura del resultado señala la capacidad de Lula para ampliar la movilización electoral, recuperar votantes y renovar su comunicación digital después de la primera vuelta.

La protección de los ingresos, los programas sociales y la defensa de la soberanía frente a las presiones externas ocuparon un lugar relevante en su propuesta. Comprender el triunfo exige considerar esa combinación de demandas sociales, organización política e identidad nacional.

¿Por qué, entonces, gana Lula y sube el riesgo país argentino? Una parte de la explicación reside en que los mercados habían tomado posiciones sobre otro resultado. La corrección de esas apuestas genera ventas de activos brasileños y puede extenderse a otros mercados regionales.

En Argentina encuentra, además, incertidumbres propias sobre financiamiento y continuidad de la política económica.

Durante la mañana del 26 de octubre, el riesgo país en Argentina, alcanzó los 738 puntos básicos. Esa reacción inicial refleja una revisión de expectativas, pero todavía no permite establecer sus efectos duraderos sobre la economía regional.

Para la economía productiva argentina, una variable decisiva será la relación entre el real y el peso.

Si la moneda brasileña se deprecia frente al dólar y el peso permanece relativamente estable, nuestros productos cotizados en dólares se encarecerán para los compradores brasileños.

A su vez, los proveedores de Brasil podrían ganar competitividad en Argentina y en terceros mercados. La magnitud del efecto dependerá de cuánto de esa depreciación se traslade a las cotizaciones de comercio exterior.

Este escenario puede profundizar las dificultades de los sectores argentinos cuyos costos internos aumentan por encima del ajuste cambiario.

La competitividad exige atender también la productividad, la carga tributaria, el financiamiento y los costos logísticos.

También existe un canal favorable: si Brasil sostiene su actividad y su demanda interna, puede ampliar las oportunidades para nuestras exportaciones.

Por eso deben analizarse conjuntamente el tipo de cambio real bilateral y el crecimiento brasileño. Entre enero y septiembre de 2026, Argentina exportó a Brasil USD 9.789 millones e importó USD 12.005 millones: una relación demasiado importante para subordinarla a las diferencias personales entre presidentes.

El Mercosur necesita una agenda que articule apertura comercial con integración productiva: infraestructura, aduanas, financiamiento y cadenas regionales de valor.

La continuidad de Lula permite prever que Brasil seguirá defendiendo un papel estratégico para el bloque. Argentina debería participar de esa discusión con propuestas que mejoren su inserción exportadora y corrijan las asimetrías competitivas.

Superada la instancia electoral, es determinante que Javier Milei deje atrás su papel de “militante bolsonarista” y actúe como Presidente de la Nación Argentina, retomando el vínculo institucional con el Brasil de Lula.

La responsabilidad de representar los intereses argentinos exige establecer una comunicación entre ambos gobiernos que permita gestionar las diferencias políticas, profundizar la integración productiva y facilitar los negocios. Las empresas, los trabajadores y las economías regionales necesitan que la relación bilateral tenga continuidad y una agenda concreta de cooperación.

La relación con Estados Unidos también exige pragmatismo. La afinidad de Milei con Trump puede abrir canales de negociación, pero sus resultados deben medirse en acceso a mercados, inversiones y financiamiento efectivo. Las prioridades comerciales y geopolíticas estadounidenses no necesariamente coinciden con las necesidades productivas argentinas; convertir esa cercanía en beneficios concretos requiere negociación y reciprocidad.

Para Argentina, profundizar ese vínculo y preservar la asociación con Brasil exige una política exterior capaz de gestionar diferencias y sostener una defensa clara del interés nacional.

La respuesta argentina debería concentrarse en sostener la competitividad, diversificar exportaciones y fortalecer su capacidad negociadora. El desafío es transformar los vínculos internacionales en producción, empleo y generación estable de divisas.